El destete

Como toda decisión en esta vida, dejar de amamantar a tus hij@s, puede ser un dilema. Habrá tantos casos como parejas de madre y criatura, porque amamantar no es algo que hace la madre sola, algo unidireccional, es una forma de relacionarse.

A mí la palabra «destete» me horroriza bastante, me suena a castigo, a sustracción.

¿Cómo dejar de amamantar?

La vertiente práctica, para evitar que la leche se acumule causando males mayores, es sencilla: poco a poco, siempre que sea posible, para que el cuerpo se adapte.

La técnica depende en gran parte de la edad del bebé:

Si tu bebé tiene menos de 6 meses, tendrás que sustituir tomas de pecho por fórmula adaptada de inicio (que es la leche artificial que se vende con el número 1) y lograr que acepte otros envases diferentes a la teta, cosa que suele resultar más fácil a terceras personas que a la madre y también suele ser más aceptado en ausencia de la madre. Además de los biberones hay otros inventos, como los vasos, sin ir más lejos, que pueden servir según preferencias y maña del crío y de la persona que le vaya a dar de comer.

Si tu bebé tiene entre 6 meses y un año, se podría hacer lo mismo pero con fórmula adaptada de continuación (la que se vende con el número 2).
Hasta el año la fuente fundamental de alimento es la leche de la madre o la fórmula  (si por la razón que sea, no toma pecho), así que no se trata de cambiar leche por purés, porque alimenta más la leche y aún crecen a mucha velocidad.

Si tu hij@ es  mayor de un año, puedes espaciar las tomas, acortarlas o sustituir una toma por otros alimentos cada 2-3 días para ir disminuyendo la producción.

Es muy probable que haga falta negociar y eso por definición casi siempre implica ceder en algo o dar algo a cambio.

El pecho para tu hij@, es mucho, mucho más que comida y considera que en cierto modo le pertenece aunque lo lleves tú.

Recuerdo a mi hijo ayudándome a tender ropa con 2-3 añitos y nombrando de quién era cada prenda que me alcanzaba de la cesta con media lengua: «e mamá», «e papá», «e tata»… Cuando era un sujetador lo que me alcanzaba decía sin atisbo de duda «e tetita», como si fuese un ente distinto a mí.

Así que puedes probar a «no ofrecer, no negar», a  jugar,  a distraerle con otras cosas o actividades. Si tu pareja se remanga y se lo echa a hombros, ofreciéndole toda su atención, será más fácil.

Hay que elegir bien el momento, porque si está malito, va a empezar la guardería o te vas a mudar, igual no es la mejor idea.

Y siempre habrá que compensar con mucho mimo, abrazos, besos, cuentos, canciones y lo que se os ocurra.

Y hasta aquí la teoría, porque la práctica es otro cantar, y los críos, en contra de lo que parece en la ficción audiovisual, traen una cualidad de serie, muy necesaria en la vida, llamada voluntad. Y a veces (muchas), no coincide con la de su madre. Así que quizás  no quiera ningún biberón por más tetina que pruebes o llore desesperadamente  si pretendes no darle el pecho aunque tu creas que eres la reina de la sutileza. Ahí puede que te toque ir más despacio, aguantar marea o recalcular otras opciones en función de tu manera de ser.

¿Cuándo dejar de amamantar?

La OMS recomienda 6 meses de lactancia materna exclusiva y al menos 2 años, complementada con otros alimentos.  De ahí en adelante, lo que la madre y el niño quieran.

Así que si lo que deseas es seguir amamantando, este organismo internacional (y otros muchos) están de tu parte y así se lo puedes recordar a todo aquel que te cuestione, sea familiar, amigo, conocido o sanitario.

Pero en ocasiones se plantea antes el dilema.

Yo aquí distingo dos situaciones:

  1. Cuando todo va bien y no duele, ni es un calvario por cualquier otra causa y tu bebé está encantado y crece lo que se espera.
  2. Cuando no (a algo de lo anterior).

Es decir: lo dejó porque lo prefiero así (1) o lo dejo porque no puedo más (2).

Si tu caso es el 1, puedes pasar al punto siguiente.

Si tu caso es el 2, busca a alguien que te ayude de verdad, porque muchos problemas tienen solución y si no la tuvieran, (que a veces pasa), que alguien que tenga los conocimientos y las habilidades necesarias, te acompañe en ese trago, te hará bien.

No hablo de consejos bienintencionados o lugares comunes como «el pecho es lo mejor» o «es que tiene que abrir más la boca», hablo de averiguar cuál es el problema y ofrecer opciones de manejo que te sirvan a ti, basadas en evidencia y experiencia.

A eso precisamente nos dedicamos las consultoras de lactancia certificadas o IBCLCs (sí, las siglas se las traen, soy consciente, aquí podéis ver que significan,  https://ibclc.es/que-es-una-ibclc/).

Caso aparte son los bebés que «se destetan solos».  Eso es una libre interpretación del comportamiento de un bebé que pocas veces se ajusta a la realidad. Se pueden considerar como «destete por parte del bebé» asuntos variados como huelgas o crisis de lactancia,  interferencia con biberones o suplementos o reflujo gastroesofágico.

De nuevo, si tienes una criatura de menos de dos años que rechaza el pecho, busca ayuda efectiva, porque no suele pasar sin un motivo y si hay una causa, habrá una solución para intentar.

¿Por qué dejar de amamantar?

No seré yo la que cuestione tu decisión de terminar esta etapa pero deja que te plantee una pregunta:

¿Es una decisión informada y tomada libremente?

Si respondes que sí, nada que objetar.

Si te sientes presionada por quien sea, busca apoyo e información. Somos seres sociales y a veces en este tema nuestro entorno no comprende nuestro deseo de seguir amamantando. Pero la decisión es tuya y tú vas a tener que asumirla, así que si tú quieres seguir, sigue, porque hay pocas cosas que te hagan sentir peor que engañarte a ti misma y luego no poder recuperar lo perdido.

Busca aliados (tu pareja, amigas, un grupo de apoyo madre a madre, tu matrona) y aléjate de los que te minan la moral.

Es triste lo que voy a decir, pero si es un profesional sanitario el que te recomienda dejar de amamantar, revisa tu caso con un experto en lactancia o al menos busca otra opinión, porque los conocimientos de la gran mayoría del personal sanitario sobre este tema suelen brillar por su ausencia. He sabido de multitud de lactancias felices finalizadas por indicación de medicamentos totalmente compatibles con dar el pecho o por puros prejuicios sobre cuánto tiempo se debe dar el pecho, que adquieren un peso tremendo cuando salen de la boca de alguien con bata, aunque no tenga ni idea de lo que dice.

Si lo vas a dejar porque crees que amamantar y trabajar no es compatible, te equivocas. Si se puede. Se trata de hacer un plan personalizado para ti, tu bebé y vuestras circunstancias.

Si lo vas a dejar porque crees que para amamantar hay que renunciar a una vida normal y prácticamente tomar los hábitos, te diré que no es así y no hace falta, se puede comer de todo, hacer el deporte que prefieras, salir a bailar etc, etc. Incluso es posible beber alcohol moderada y ocasionalmente (si el bebé ya tiene una edad, y tomando ciertas precauciones). Amamantar no es una experiencia de renuncia.

Si lo vas a dejar porque «tu leche ya es agua y no alimenta», no es cierto, sigue siendo nutritiva siempre y contiene toda clase de maravillas como células madre, anticuerpos o inmunomoduladores.

Si lo vas a dejar por miedo a que tu niñ@ no lo deje nunca y sea dependiente o inseguro, te diré que eso es una milonga sin fundamento. La autonomía se conquista, no se fuerza. Y los críos crecen, por definición. La infancia es un suspiro, en realidad, pero a veces estamos tan inmersos en criar que perdemos la perspectiva.

Y por último, revisa tus propios prejuicios acerca de amamantar a un niño o niña mayorcita, porque es probable que los tengas.

Yo misma los tenía e induje a mi primera hija a que tomara ella la decisión de dejar el pecho al cumplir los dos años, porque me daba vergüenza y no estaba preparada. Ella, que estaba totalmente conectada conmigo, amaneció en su cumpleaños diciendo que ya no iba a tomar más teta, porque ya era mayor. Y no lo era. Años más tarde, viendo que su hermano siguió tomando pecho hasta los cuatro, lloraba amargamente diciendo » ¡qué tonta fui, mamá!». Pero no fue ella, fui yo. Y lo he lamentado muchas veces, porque ahora sé que aún no era el momento.

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